jueves, 28 de octubre de 2010

Gachas dulces de los Santos

Tengo que reconocer que la elaboración de postres no es precisamente mi "plato fuerte". No obstante podría ofrecerte sin problemas un pastel de queso, unas natillas, una leche frita o un arroz con leche. Junto con la leche frita, las gachas es uno de mis platos dulces preferidos, sobre todo las gachas de mi abuela Manuela.

Desde muy pequeño esperaba con cierta ansiedad que llegase el 1 de noviembre ya que, por tradición, mi abuela se ponía manos a la obra y hacia unas gachas que, sencillamente, quitaban el sentido. La receta era, mas o menos la siguiente.

Ingredientes:


  • 500 grs de harina de trigo
  • 1/2 litro de aceite de oliva virgen extra de Jaén
  • Una cucharadita de granos de anís (matalahuva)
  • 250 grs de azúcar
  • 2 litros de agua templada
  • Leche miel o leche caliente para acompañarlas(opcional)
  • Pan mas bien duro para los tostones
  • Canela en polvo




A guisar:


Se vierte el medio litro de aceite en una sartén de cuenco hondo, se pone esta al fuego y se deja calentar hasta desahumarlo, friendo en el mismo unos trocitos de pan duro para hacer tostones o "picatostes" que diria mi abuela. Cuando se vea que están dorados se sacan de la sartén y se ponen a escurrir sobre un papel absorbente para que no queden grasientos.

El aceite en el que hemos frito los tostones lo pasamos por un colador, limpiando la sartén con papel absorbente cuidando que no queden migas de pan frito. A continuación ponemos en la sartén siete cucharadas soperas del aceite que hemos colado junto con unas cucharadita de anís y el medio Kg. de harina. la cual freímos sin que llegue a tostarse, para que pierda el sabor a cruda.

Seguidamente echamos un litro de agua caliente (se puede hacer también con leche) poco a poco para que la vaya absorbiendo la masa de harina mientras la vamos moviendo con la rasera siempre en el mismo sentido para que no se corte y procurando que no se hagan grumos. Agregamos entonces el azúcar de una sola vez y vamos añadiendo poca a poco otro medio litro de agua caliente para ligarlo con la masa, según nos gusten de espesas.

No dejamos de mover en ningún momento evitando así que se formen grumos. Cunado las gachas tomen un cuerpo pastoso y uniforme, agregaremos los tostones, la miel o la leche caliente azucarada, o simplemente espolvoreamos con azúcar y canela. Listas para servir.

En las cantidades se ha tenido en cuenta las que han de sobrar gachas para que los niños, y no tan niños, puedan irse depués de cenar a tapar por las calles las cerraduras de las casas, con el fin de impedir la entrada a las almas de los difuntos que habían vivido en ellas, como es tradición en el día de los Santos en muchos rincones de nuestra provincia.



La verdad sobre los embutidos

Salchichón, chorizo, jamón, lomo… Solemos acusar a los embutidos de todos los males pero, a pesar de lo que se dice de ellos, tienen cosas buenas. Aquí os dejo un artículo publicado en el portal yahoo  en el que se ofrecen datos útiles para valorarlos en su justa medida.



Todo depende del tipo de embutido! La charcutería es muy variada y eso hace que el contenido en grasas oscile entre unos productos y otros. El jamón cocido, y sobre todo el desgrasado, aporta menos de 115 calorías por 100 gramos, menos que el pollo. El jamón crudo contiene entre 200 y 250 calorías por 100 gramos, menos que una bolsa de patatas fritas. El paté y el salchichón aumentan considerablemente la suma: la mayoría de los patés contienen entre 300 y 320 calorías por 100 gramos. Contrariamente a lo que podría pensarse, el embutido más calórico es el salami, con 550 calorías.

En conclusión, si los variamos y si limitamos los más calóricos a las grandes ocasiones, los embutidos no deberían ser un problema.

Sólo contienen grasas saturadas

La charcutería aporta alrededor de un 40 por ciento de ácidos grasos saturados. En su mayoría están compuestos de ácidos grasos insaturados. Cerca del 50 por ciento de estos lípidos son ácidos grasos monoinsaturados. Los embutidos también contienen ácidos grasos poliinsaturados, esencialmente bajo la forma de omega 6. Atención, no todos son iguales. Si una loncha de jamón (50 gramos) sólo contiene 5 gramos de lípidos, la misma cantidad de salchichón contiene más de 20 gramos… De modo que ojo con los excesos, la mayoría de los embutidos son extremadamente grasos y es mejor erradicarlos de la dieta si se tiene colesterol alto.

Un dato alentador: algunos ofrecen mucha cantidad de hierro y vitaminas del grupo B.

Están llenos de aditivos y de conservantes

En la zona de charcutería encontramos de todo y a todos los precios. Algunos embutidos se hacen de manera artesanal y a partir de ingredientes seleccionados cuidadosamente. Otros, más comunes, contienen estabilizantes, colorantes, conservantes y demás aditivos.


Hay un mundo entre un jamón Pata Negra y el que se vende envuelto en celofán o entre una salchicha de Francfort y una de paquete… A veces, el tipo de embalaje y el punto de venta del producto ofrecen una pauta sobre su calidad. En el supermercado, las denominaciones y las etiquetas permiten elegir con conocimiento de causa.

La mención “superior” indica simplemente que el producto tiene más cantidad de productos nobles y menos aditivos que los estándar. Para que se califiquen de “tradicionales”, los embutidos no deben contender ningún colorante y el número de aditivos debe ser muy reducido. Los “auténticos” precisan el origen geográfico del producto. Finalmente, la denominación “montaña” significa que las materias primas vienen de la montaña y que la fabricación tuvo lugar a muchos metros de altura.

Contienen mucha sal

Tradicionalmente, la sal se utiliza como conservador y para realzar el sabor. Los embutidos más salados son el jamón crudo, que contiene 6,5 gramos de sal por cada 100 gramos de producto, y el salchichón, con 4 gramos por cada 5,5. El paté y el resto de los embutidos cocidos (jamón, salchichón, lacón, lomo) tienen una cantidad de sal cercana a los 2, 5 gramos por 100 de producto. Los embutidos contribuyen a subir los niveles de sal y el exceso es nefasto para la salud. Las cantidades de sal recomendadas hoy en día se sitúan entorno a los 6 o los 8 gramos diarios. Un consejo a la hora de comerlos: no salar el resto de alimentos que acompañen el plato.

Fuente: yahoo.com

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