lunes, 22 de noviembre de 2010

Castañas asadas, tradición viva

  • Con la llegada del otoño y el descenso más que notable de las temperaturas, me vienen a la memoria imágenes de mi infancia paseando por las calles de mi querido Linares de la mano de mi abuela Manuela.
  • En torno al mercado de abastos, nos llegaba el olor del otoño y de sus castañas asadas en una vieja lata con carbón. Era toda una tradición, una tradición que aún se conserva en algunos rincones de nuestra geografía gracias a la necesidad de algunas castañeras que intentan ganarse unas perrillas en estos tiempos difíciles y, de paso, mantener viva esa tradición.
  • Era realmente entrañable. Hacia frío, mucho frío y nada mejor para combatirlo que un buen cartucho de castañas asadas. Que lujo. Y todo por unas pesetillas de nada. Hoy, treinta y tantos años después, soy yo quien pasea de la mano con mi esposa y mis hijas por esas mismas calles con la esperanza de que al cruzar una calle vuelva a disfrutar de aquel olor a castañas asadas de mi niñez.


La castañera de la Puerta de Alcalá, de Peter Witte, año 1965

Hoy un cartucho de diez castañas nos puede costar uno o dos euros, pero merece la pena. Me cuentan las personas que se dedican a buscarse la vida con este menester que la preparación es un proceso en el que hay que estar muy pendiente, controlando en todo momento el fuego para que las castañas no se quemen. No menos importante es saber calcular la distancia necesaria que debe haber entre el fuego y las castañas. Esa es la verdadera clave en la maestría del asado de castañas. Eso y el tiempo que tienen que estar cerca de las brasas y que suele ser de unos 15 minutos.

Pero hay mil maneras de disfrutar de las castañas con multitud de recetas, sencillas y sanas. De la manera más tradicional, asadas, como en los platos más elaborados, sobre todo, para elaborar salsas.

No faltan propuestas para introducir este fruto en nuestra dieta diaria. Por ejemplo, una mermelada de castaña o un puré de castaña, o por qué no, un flan de castaña. En ensaladas, con carne, sopa de castañas, castañas con leche (al estilo del arroz con leche), etc.

Y después de la comida, el licor, de castaña claro. La castaña es el único fruto seco con las propiedades del cereal, así que no sólo es rico, sino también sano.

Aún con un recetario tan amplio y variado me sigo quedando con la receta de toda la vida, mi cartucho de castañas asadas como antaño.

Esta que os ofrezco hoy, es una sencilla receta para que cualquier familia que quiera disfrutar de unas castañas asadas sin necesidad de recurrir a una barbacoa. Rápida, muy fácil y sin riesgos.

Precalienta el horno a 200ºC. Mientras se calienta haces un pequeño corte lateral a cada castaña para que no estallen en el horno. El corte debe atravesar la piel exterior y la interior, pero apenas rozar el fruto y procurando no arrancar la piel.

A continuación, colócalas en la bandeja de horno sin apilar y hornéalas durante ½ hora aproximadamente. Comprueba que estén hechas cogiendo una con un guante de horno. Si cede a la presión de la mano significa que ya están listas.

Si quieres conservarlas calientes más tiempo solo tienes que colocarlas en cucuruchos de papel de estraza. Si las recién asadas las pelaras sin problemas.

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